El Síndrome de Ulises, también llamado Síndrome del inmigrante con estrés crónico y múltiple, es un problema de salud mental que pueden  padecer aquellas personas que emigran de sus países para buscar nuevas oportunidades vitales.

Emigrante
Emigrante

La migración tiene una serie de aspectos positivos, pero también negativos; y aunque el inmigrante busca una solución a sus problemas, también encontrará otros muchos que tendrá que superar, como el que supera un duelo por una pérdida. La migración no es en si un trastorno mental, es un factor de riesgo para aquellos que son vulnerables a problemas psicológicos, y además se encuentran con un medio demasiado hostil.

El estrés es un estado emocional que se genera cuando hay un desequilibrio entre nuestras capacidades o recursos para afrontar los retos del entorno, y las demandas del mismo. La ansiedad, la depresión, la baja autoestima, el desinterés, la agitación, la agresividad, alteraciones del sueño y del apetito e incluso el trastorno somatoforme (la persona tiene síntomas de enfermedades que no padece), son consecuencia del estrés.

Ulises fue un héroe mitológico griego que pasó 20 años fuera de Ítaca (tierra natal), pasando un sinfín de adversidades. Según la Ilíada, obra de Homero, Ulises se pasaba los días sentado a la orilla del mar, entre llantos, suspiros y penas.

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Causas

Las causas de la aparición del Síndrome de Ulises son las dificultades que los inmigrantes tienen que afrontar:

  1. Sentimiento de lucha por la supervivencia: donde dormir o comer.
  2. Separación de los seres queridos, lo que provoca sentimiento de soledad.
  3. Falta de oportunidades: para trabajar, para integrarse, para acceder al sistema nacional de salud, para obtener papeles, para conseguir vivienda, etc. Sentimiento de fracaso.
  4. Sentimiento de miedo y terror: a ser detenido y deportado, a ser maltratado, a sentirse indefenso, etc.

Todos estos sentimientos suponen alcanzar un estado de estrés superior al que pueden soportar, hasta el punto de desarrollar incluso brotes psicóticos. A estas dificultades se les llama estresores.

El inmigrante debe superar un duelo complicado si quiere preservar su salud mental y evitar el estrés.

  • La lengua: debe afrontar por un lado el aprendizaje de una lengua nueva, y por otro la pérdida de la asiduidad en el uso de su lengua materna.
  • La familia y los seres queridos: separarse de padres, hijos, hermanos, pareja, amigos con la incertidumbre del reencuentro.
  • La tierra: sus paisajes, olores, colores, el clima. Éste último puede suponer un cambio drástico y difícil de afrontar.
  • La cultura: religión, costumbres, valores, fiestas, gastronomía.
  • El contacto con el grupo de origen: puede encontrarse con xenofobia, racismo. Situaciones de rechazo por pertenecer a una cultura o raza diferente.
  • El estatus social: el inmigrante será el último de la fila, independientemente del estatus que tuviera en su país. Conseguir papeles, trabajo, vivienda,acceso a los servicios públicos. Todo esto puede generar un alto índice de estrés.
  • Riesgos para la integridad de la persona: comienzan en el propio viaje, sobre todo aquellos que viajan sin documentos y en manos de mafias. El propio viaje es un riesgo. Después está el riesgo a padecer malos tratos o abusos sexuales, a contraer enfermedades, estar malnutridos, etc.

Síntomas

  1. Deterioro físico: por malnutrición, falta de higiene, cansancio, no dormir bien, etc.
  2. Cambios en el estado de humor: irritabilidad y estados tanto de tristeza como de euforia.
  3. Ansiedad: permanente estado de tensión que provoca falta de apetito e insomnio.
  4. Sentimiento permanente de tristeza y llanto: depresión.
  5. Síntomas de confusión: fallos de memoria y desorientación temporal.

La vivencia prolongada de situaciones de estrés intensas, afectan a la personalidad del sujeto y a su homeostasis (equilibrio interno).

Diagnóstico

Existe una escala para comprobar si el inmigrante sufre el Síndrome de Ulises.

Se evalúan los estresores y la vulnerabilidad de forma independiente en cada uno de los siete duelos de los que hemos hablado. Se valoran como simple, complicado o extremo en función de la dificultad para superar un duelo en concreto.

Por ejemplo, se puede dar el caso de un inmigrante que en el duelo por la lengua, tenga una vulnerabilidad simple, porque no tiene limitaciones físicas ni mentales previas a la migración, y estresores extremos porque no habla el idioma.

Es imprescindible la entrevista con el sujeto para llegar a conclusiones.

Tratamiento

El tratamiento pasa por una serie de pautas que no siempre son fáciles de llevar a cabo por estas personas, ya que carecen de los medios para procurárselo.

Nos referimos a consultar un psicólogo, un médico, o hacer cuatro comidas diarias. Ejercicio físico y técnicas de relajación. Por esto, el acceso a los servicios sociales del país que recibe es primordial. Es importante la comunicación con los seres queridos y el pensamiento positivo.

Pero sin duda, a medida que el inmigrante vaya normalizando su situación en cuanto a trabajo, papeles o vivienda, irán disminuyendo sus niveles de estrés, y ésto repercutirá en su estado mental. Aunque, si bien es cierto, que el duelo en ciertos ámbitos se alarga indefinidamente en el tiempo, a pesar de haber conseguido establecerse en el país de destino.