Síndrome de Prader Willi

El Síndrome de Prader-Willi es una patología congénita (se adquiere en la gestación y se nace con ella), debido a una mutación en genes del cromosoma 15 del padre.

Actualmente se considera la causa genética más importante de obesidad, con una incidencia de entre 1 por cada 10.000 a 15.000 nacidos. Se puede dar en cualquier sexo, raza y estilo de vida.

Se caracteriza por obesidad, estatura baja, testículos no descendidos y deterioro mental en niños, que además nacen con tono muscular disminuido.

Su clínica es muy compleja y la mayoría de sus manifestaciones son debidas a la alteración de la función del hipotálamo (región del encéfalo que regula el apetito además de otras emociones y estados fisiológicos).

Causas

El origen de este síndrome se debe a una mutación genética, es decir, a alteraciones de los genes en una región del cromosoma 15 paterno. Un cromosoma está formado de dos copias, una de la madre y otra del padre.

Un cromosoma es el portador del material genético, de forma que cuando ocurre una alteración, la información transmitida es errónea y ocurren malformaciones y/o disfunciones en un organismo.

En el caso que nos ocupa, ocurre que en las regiones q11-q13 del cromosoma 15 del progenitor paterno, los genes correspondientes están inactivados. Esta falta de expresión se debe:

  • Deleción del cromosoma paterno: ocurre en el 75% de los casos, y significa la pérdida física de los genes de esa región del cromosoma durante la división celular, lo que significa, un cromosoma con una sola copia de genes para esa región, que proceden de la madre y que no tendrán funcionalidad.
  • Disomía uniparental materna: se da entre el 22% y 25% de los casos, y ocurre por un error en el reparto de los cromosomas, de tal forma que se adquieren dos cromosomas 15 de la madre y ninguno del padre.
  • Alteraciones en la impronta: ocurre en un 2%, donde hay un error de identificación de los genes del padre, que se toman por los de la madre, por lo que se inactivan.

Síntomas

Durante el embarazo se evidencia una reducción de actividad fetal, que es debida a una hipotonía severa (debilidad de los músculos), sobre todo a nivel de nuca y tronco. Esto puede traer como consecuencia en los neonatos:

  1. Problemas en el desarrollo psicomotor.
  2. Dificultades para alimentarse, teniendo incluso que recurrir a la sonda.
  3. Problemas respiratorios.

Por esto, tras el parto, suele ser necesaria la incubadora para estos niños que van a necesitar cuidados neonatales especiales. Ya que además nacen con peso y talla más bajos de lo normal.

Su desarrollo va a ser más lento en todos los aspectos: lenguaje, talla, peso y psicomotricidad. Con respecto a ésta última, tardan más en comenzar a andar y no se sientan sin apoyo hasta pasado el año.

Signos físicos visibles:

  • Genitales: en las niñas labios menores poco desarrollados y en los niños el escroto (ausencia de testículos) y el pene.
  • Anomalías congénitas: hidrocefalia, displasia de caderas, reflujo vesicoureteral, hexadactilia (seis dedos en manos o pies), etc…son algunas que se pueden dar con más frecuencia que en la población normal.
  • Rasgos faciales: manos y pies pequeños, ojos almendrados, boca triangular, estrabismo, saliva espesa, manchas sin pigmento en la piel y cabello, cráneo dolicocefálico (alargado y estrecho).

Entre los dos y cuatro años comienzan a adquirir tono muscular y la falta de apetito comienza a convertirse en todo lo contrario, hasta llegar a la obsesión por la comida con un incremento incontrolable en el apetito.

Esta etapa trae consigo otra serie de problemas añadidos consecuencia de las grandes ingestas de comida:

  1. Obesidad severa.
  2. Apnea del sueño.
  3. Somnolencia diurna.
  4. Escoliosis.
  5. Diabetes tipo II.

El comportamiento también se va a ver afectado por el estrés que provoca la necesidad de llevar una dieta controlada y la frustración de no poder comer. Así estos niños se manifiestan con rabietas, testarudez e incluso arranques violentos. Son obsesivos y posesivos, sobre todo en lo relacionado con la comida, y algunos desarrollan la manía de rascarse sus heridas o picaduras y hasta arañarse ellos mismos.

El retraso mental va desde ligero a moderado, pero nunca severo.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en el estudio de las características clínicas y citogenéticas. Existen una serie de criterios principales y otros secundarios, que se valoran y en base a eso se establece o no el diagnóstico. Son necesarios 5 puntos de los que 4 deben pertenecer a los criterios principales, para niños de menos de 3 años. Para el resto son necesarios 8 puntos, siendo al menos 5 principales.

Criterios principales

Cada criterio vale un punto.

  1. Problemas de alimentación en el lactante.
  2. Bajo tono muscular neonatal e infantil y succión débil que mejora con la edad.
  3. Rápido aumento de peso después de los doce meses y antes de los seis años, que puede llevar a obesidad.
  4. Rasgos faciales característicos (nombrados en el punto anterior).
  5. Órganos sexuales no funcionales.
  6. Genitales poco desarrollados.
  7. Retraso del desarrollo psicomotor y mental ligero.
  8. Obsesión por la comida.
  9. Confirmación de la mutación en el cromosoma 15.

Criterios secundarios

Cada criterio vale medio punto.

  1. Reducida actividad fetal.
  2. Apnea del sueño y somnolencia diurna.
  3. Problemas de comportamiento.
  4. Estatura baja.
  5. Manos pequeñas.
  6. Anomalías oculares.
  7. Hipopigmentación en piel y cabello.
  8. Defectos en el aprendizaje del lenguaje.
  9. Autoprovocación de heridas o rascado compulsivo de ellas.
  10. Saliva espesa.
  11. Manos estrechas.

Se debe también realizar el estudio genético a partir de sangre periférica del individuo con sospecha de Síndrome de Prader-Willi y de los padres, para comprobar:

  • Como están ordenados los cromosomas y localizar la alteración del cromosoma 15.
  • Ubicar la procedencia de la mutación, paterna o materna, mediante un análisis molecular de ADN.

Es importante identificar el mecanismo genético implicado, para determinar que riesgo hay de que pueda volver a suceder con otros posibles hijos. Existe un riesgo significativamente más alto, cuando la causa es por una alteración en la impronta (leer en causas). En los otros dos casos, el riesgo casi no existe.

Una vez diagnosticado, un Síndrome de Prader Willi va a necesitar de la intervención de varios especialistas médicos como son: endocrino, oftalmólogo, dermatólogo, neumólogo, traumatólogo, neurólogo, digestivo y odontólogo entre otros.

Tratamiento

Como acabamos de decir, debe implicarse un equipo multidisciplinar coordinado para abordar cada problema en concreto.

El apoyo a los padres y la información es esencial, así como la ayuda de psicólogo y/o psiquiatra para el control de la conducta.

Pero el objetivo principal será evitar la obesidad, que puede llegar a ser mórbida. Para esto hay que establecer una dieta hipocalórica, ejercicio habitual y restricción a la comida. No existen fármacos eficientes que supriman el apetito.