El oído
El oído

El Síndrome de Ménière es una afección del oído interno, que se presenta generalmente de manera unilateral (en un solo oído). Se caracteriza por crisis de vértigo, plenitud ótica, hipoacusia neurosensorial (sordera), tinnitus o acúfenos(ruidos y zumbidos en los oídos que no provienen del exterior).

Hay varias teorías acerca de las causas que producen este síndrome, pero ninguna definitiva. Algunas  apuntan a que el Síndrome de Ménière aparece como consecuencia de infecciones por virus, alergias, reacciones autoinmunitarias o por constricciones en los vasos sanguíneos del oído. Algunos investigadores creen que puede tener un orígen hereditario, ya que se pueden dar varios casos en la misma familia.

Afecta más a mujeres que a hombres, y suele aparecer entre los 40 y 60 años.

Como consecuencia del desconocimiento de muchos aspectos de este síndrome, se hace difícil su tratamiento y la terapéutica se centra en reducir al máximo los síntomas para que no lleguen a ser discapacitantes. Controlar el vértigo es primordial.

Seis de cada diez personas mejoran por sí solas. Otras  pueden controlar su vértigo con dieta, medicamentos o audífonos, pero hay un pequeño grupo que deberán recurrir a la cirugía.

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Causas

Los síntomas del Síndrome de Ménière se producen como consecuencia, de la acumulación excesiva de líquido endolinfático en una porción del oído interno, llamada laberinto. Este líquido es el encargado de estimular los receptores nerviosos del oído, para que envíen señales al sistema nervioso central sobre el equilibrio, posición y movimiento del cuerpo. El exceso de este líquido interfiere las señales de equilibrio y también de audición normales, que van del oído al cerebro.

Se cree que la rotura en la membrana laberíntica, que permiten el escape de la endolinfa (rica en potasio), provoca la acumulación de líquido. El deterioro crónico de las funciones del oído, se debe a la exposición continuada a los efectos nocivos del potasio.

Pero, ¿por qué se produce esta situación?. Existen una serie de sugerencias, pero ninguna es concluyente.

  1. Infecciones víricas.
  2. Desequilibrios neuroendocrinos.
  3. Antecedentes familiares.
  4. Lesiones isquémicas (flujo sanguíneo enlentecido) o hemorragias en el laberinto.
  5. Anormalidades anatómicas del hueso temporal.
  6. Migrañas recurrentes que pueden dañar el oído interno.
  7. Desórdenes en los mecanismos de defensa del organismo (sistema  inmunológico).
  8. Psicológicos: estrés, fatiga, ansiedad, etc..

Los numerosos factores que pueden estar implicados en la aparición de la Enfermedad de Ménière, reflejan que puede tener un origen multifactorial. O la consideramos idiopática (se desconocen las causas), y en este caso nos referiremos a ella como Síndrome de Ménière.

Síntomas

El Síndrome de Ménière genera un impacto negativo en la calidad de vida de quien lo padece.

  • Vértigos: es el principal síntoma. Variables en cuanto a intensidad, duración (de 20 minutos a varias horas) y frecuencia. Normalmente están precedidos de taponamiento ótico y/o acúfenos. No se produce pérdida de conocimiento, pero pueden provocar náuseas, vómito y  diarrea.
  • Hipoacusia: sordera momentánea, sobre todo a los sonidos de baja frecuencia, que dura lo mismo que la crisis. A medida que se repiten las crisis, se va produciendo un deterioro que se traduce en pérdida de audición.
  • Acúfenos: pueden ser constantes o intemitentes. Según su intensidad, se dan:
    • De Grado 1, cuando son perceptibles solo en ambiente silencioso.
    • De Grado 2, si son perceptibles en cualquier ambiente  pero disminuyen al realizar actividad mental.
    • De Grado 3, si son permanentes.

Existen casos en que se da caída brusca al suelo sin pérdida de conocimiento. En otros pacientes ocurre una mejoría de la audición durante los vértigos (Síndrome de Lermoyez). Y también puede ocurrir que no confluyan todos los síntomas al mismo tiempo: puede darse hipoacusia sín vértigo, y al contrario.

El progreso de este síndrome, sigue una serie de pautas en el tiempo:

  • Fase de inicio: es habitual comenzar con episodios dehipoacusia y diploacusia (percepción de dos sonidos de la misma frecuencia, con dos tonalidades diferentes), asociados o no a acúfenos. Se puede dar también sensación de presión ótica. Pasado un tiempo comienzan a aparecer los vértigos, y los otros síntomas se intensifican.
  • Fase activa: es un periodo de entre 5 y 20 años, en el cual aparecen las crisis sin un patrón de frecuencia, alternando con periodos de latencia.
  • Fase final: las crisis de vértigo son menos frecuentes, incluso pueden llegar a desaparecer. Sin embargo, se cronifica la hipoacusiay el acúfeno es permanente.

Diagnóstico

El diagnóstico lo realizara un otorrinolaringólogo, basándose en :

  • La historia clínica del paciente: al menos haber sufrido dos episodios de vértigo de mínimo 20 minutos. Hipoacusia constatada audiometricamente. Acúfenos y plenitud ótica en el oído afectado.
  • Exploración vestibular: comprobar si hay destrucción del nervio vestibular del oído interno.
  • Diagnóstico diferencial: para descartar otras patologías como: diabetes, anemia, sífilis, tumores cerebrales, migrañas, infecciones del oído, toxicidad por drogas o medicamentos, entre otras. Para esto se pueden realizar diversas pruebas como analisis de sangre, resonancia magnética cerebral, etc.
  • Prueba de audiometría: para comprobar la pérdida de audición.
  • Electrococleografía: esta prueba da respuesta a la causa de la pérdida de audición. Mide la fuerza eléctrica generada en la cóclea (parte auditiva del oído interno) y en el nervio auditivo, en respuesta a la estimulación por sonido.
  • Prueba de emisiones otoacústicas: sirve para comprobar el grado de daño a las células de la cóclea.

Tratamiento

El tratamiento del Síndrome de Ménière está enfocado a aliviar los síntomas durante las crisis y mejorar la evolución de la enfermedad.

  • Tratamiento de la crisis aguda: se recomienda que el paciente permanezca en reposo y en silencio (en cama si es necesario). Se pueden administrar sedantes vestibulares, como benzodiazepinas, sulpirida  o fenotiacinas, como máximo por un periodo de 3 a 4 días. Para pacientes en los que la crisis curse con vómitos o náuseas, se pueden usar antieméticos.
  • Tratamiento de mantenimiento: 
    • Dieta: debe ser pobre en sal. Restricción de nicotina, cafeína y alcohol. Es recomendable también realizar ejercicio físico y bajar de peso.
    • Diuréticos: como la acetazolamida y la hidroclorotiacida. Favorecen el equilibrio de los líquidos del laberinto.
    • Medicamentos antagonistas del calcio: son vasodilatadores y actúan en la microcirculación sanguínea.
    • Tratamiento con agua: 35ml/kg al día. Recientes estudios han demostrado que previenen la pérdida de audición y los vértigos, porque produce una disminución de la hormona antidiurética.
    • Corticoides: cuando se sospecha que la causa es autoinmune.
    • Tratamiento del acúfeno: la psicoterapia y la estimulación eléctrica pueden dar algún resultado. Y fármacos como el alprazolam.
    • Tratamiento del vértigo: diuréticos y la betahistina, mejoran el desequilibrio pero no la audición.
  • Tratamiento quirúrgico:
    • Descomprensión del saco endolinfático: para facilitar que fluya la endolinfa, sin dañar ningún nervio auditivo.
    • Laberintectomía: cirugía destructiva que elimina la función vestibular anormal, pero que significa pérdida total de audición.