Dolor isquémico

El Síndrome Compartimental se define como el aumento de presión en un espacio osteofibroso (formado por hueso y fibras) cerrado. al que se denomina celda fascial. Esto ocasiona la reducción de flujo sanguíneo y la perfusión tisular (flujo de sangre hacia los tejidos y a través de los capilares) en dicho espacio, lo que ocasiona dolor isquémico (dolor por la falta de flujo sanguíneo) y puede lesionar los tejidos.

El Síndrome Compartimental puede afectar a cualquiera. No hay distinciones en cuanto al género, ni tampoco en cuanto a la edad. Y se puede dar en cualquier parte del cuerpo, pero lo más habitual son las extremidades inferiores y las superiores.

Este síndrome puede ser agudo o crónico. No es muy frecuente, pero puede ser muy grave porque puede provocar disfunciones. Por eso es preciso diagnosticarlo con prontitud, para evitar que el daño sea irreversible.

Causas

Síndrome Compartimental Crónico

Se produce por la realización repetida de ejercicio físico, a un nivel que provoca que la presión intramuscular se eleve, hasta provocar que los tejidos en el interior de la celda fascial afectada, aumenten de presión y sean dolorosos (dolor tipo calambre). Esto interrumpe la actividad, pero el dolor desaparece con el reposo y no deja secuelas en el tejido afectado.

Síndrome Compartimental Agudo

Puede ser causado por: quemaduras, infecciones, trauma vascular y traumas penetrantes. Pero la causa más frecuente son las fracturas.

Vamos a clasificarlas en dos grupos:

  1. Las que provocan una disminución del compartimento:
    1. Vendajes o yesos compresivos.
    2. Aplastamiento del miembro.
    3. Quemaduras y congelaciones: aparecen en la piel porciones de tejido necrosado que hay que proceder a retirar para evitar el síndrome.
    4. Excesiva tensión en el cierre de los compartimentos (celdas fasciales).
  2. Las que provocan un aumento del contenido del compartimento: 
    1. Envenenamiento por mordedura.
    2. Hematoma por hemofilia o tratamientos anticoagulantes.
    3. Hemorragias entre compartimentos por fracturas, osteotomías (intervenciones quirúrgicas en el hueso), etc.
    4. Edema (acumulación de líquido) a consecuencia de una lesión arterial o un cateterismo (introducción de un cateter, con finalidad quirúrgica).

Síntomas

El síntoma principal es el dolor. Un dolor intenso, excesivo que aumenta con la extensión pasiva de los músculos afectados. Además se produce tensión en la zona, hinchazón y alteraciones sensitivas distales.

En el examen físico se observa cianosis, disminución de la movilidad y disminución del pulso de la arteria principal del compartimento afectado.

Si se da un aumento de la presión intracompartimental de algún miembro, por alguna de las causas que ya hemos visto, se pueden dar una serie de lesiones si no se toma partido a tiempo:

  • Se puede producir una isquemia muscular y nerviosa.
  • Esto puede desembocar en una necrosis.
  • Y la necrosis nerviosa puede llevar a:
    • Parestesias (sensibilidad anormal del miembro acompañado de hormigueo), con posibilidad de anestesia total.
    • Paresias (pérdida de la movilidad), que pueden desembocar en una parálisis.
  • La necrosis muscular producirá una degeneración de las fibras musculares, que se sustituirán por tejido fibroso sin elasticidad que provocará una contractura.

En miembros superiores se presenta principalmente en los compartimentos volares y dorsales del antebrazo y en los intrínsecos de la mano.

En miembros inferiores, los compartimentos anterior, lateral, posterior profundo y superficial de la pierna, son los más afectados.

Anatomía de los Compartimentos

  • Brazo: Deltoideo, anterior y posterior.
  • Antebrazo: Volar, lateral y posterior.
  • Mano: Palmar medio, hipotenar y tenar.
  • Muslo: Glúteo, ilíaco, anterior y posterior.
  • Pierna: Lateral, posterior profundo y posterior superficial.
  • Pie: Anterior, lateral y medial.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza utilizando la regla de las seis p: dolor (pain), presión, falta de pulso, palidez, parálisis y parestesias. El dolor es el síntoma más importante a tener en cuenta, cuando es tan fuerte que no responde a analgésicos.

Se puede realizar una radiografía para descartar enfermedad ósea y ecografía o resonancia para comprobar si se dan hematomas intramusculares.

Si se sospecha de la existencia de Síndrome Compartimental, se debe medir la presión intracompartimental. Si es inferior a 10 mmHg, está todo normal. Si es mayor de 35-40 mmHg y se mantiene durante 8 horas, tiene lesiones irreversibles en los tejidos.

Se debe también realizar diagnóstico diferencial con oclusión arterial y con neuropraxia (lesión de un nervio).

Tratamiento

En cuanto se sospecha de la posible existencia de Síndrome Compartimental, lo más inmediato es elevar la extremidad. Si la causa es un vendaje compresivo, se debe retirar inmediatamente. En caso de que la causa sea una lesión, se deben prevenir las complicaciones, retirando la ropa y cualquier objeto inmovilizador, hasta conseguir que no siga aumentando la presión intercompartimental.

La fasciotomía debe realizarse si la presión no baja. Cuando el diagnóstico se demora más de 24 horas, el desenlace puede ser fatal (infección, amputación y hasta muerte). Por eso, la cirugía se debe realizar durante las primeras seis horas. Consiste en la apertura de la envoltura aponeurótica del compartimento, para que los tejidos se expandan y la presión disminuya.

fasciotomía